Octubre 2018

Evidencia científica en Seguridad e interacciones en el uso de antibióticos en infecciones por grampositivos

Las infecciones causadas por Staphylococcus aureus resistente a meticilina (SARM) constituyen actualmente uno de los caballos de batalla de la infectología, por el aumento de la frecuencia, la extensión más allá del hospital y la dificultad de tratamiento.

En nuestro país, aproximadamente un tercio de los aislados de

S. aureus es resistente a la meticilina y, aunque es un problema eminentemente hospitalario, en la comunidad también se ha producido un aumento, sobre todo en pacientes institucionalizados en el contexto de la relación con el sistema sanitario (1). Los SARM de origen comunitario (SARM-C) con cassette cromosómico estafilocócico (SCCmec) de los tipos VI y V, y productores de la leucocidina de Panton-Valentine, muy prevalentes en países como Estados Unidos, no lo son tanto en el nuestro y se presentan esporádicamente en inmigrantes hispanoamericanos, en forma de infecciones de piel y partes blandas y neumonías con tendencia a la necrosis (2).

La resistencia a la meticilina en S. aureus, que invalida el uso de cualquier betalactámico, también suele conllevar la pérdida de sensibilidad a otros antimicrobianos (macrólidos, clindamicinas, lincosamidas, tetraciclinas, aminoglucósidos y quinolonas), que complica aún más su tratamiento (3).

El tratamiento de las infecciones graves por SARM se realiza con glucopéptidos (vancomicina y teicoplanina), daptomicina y linezolid. La elección de cada uno de ellos se basa en aspectos microbiológicos, farmacocinéticos/farmacodinámicos (FC/FD), clínicos, farmacocinéticos y de seguridad, que son analizados en este trabajo.